5/1/10

Nada sin...

Mi piel, mis músculos, mi cuerpo se acordaron de repente sin comunicárselo al cerebro. Hacían movimientos no intencionados, que yo no deseaba.
¡Como si mis miembros ya no me pertenecieran!
De golpe, mi andar se había vuelto extraño y vacilante al dar unos cuantos pasos en la habitación.
Éste es el paso de un hombre que continuamente está a punto de caer hacia delante, me dije.
Sí, sí, sí, ¡así era su paso!
Lo sabía claramente, es así.
Yo tenía una cara extraña, sin barba y con barbilla pronunciada, y miraba desde unos ojos rasgados.
Esta no es mi cara, quise gritar asustado y quise palparla, pero mi mano no siguió mis deseos y se hundió en el bolsillo para sacar un libro.
Exactamente igual que él lo había hecho antes.
De repente, estoy sentado otra vez sin sombrero y sin abrigo, junto a la mesa. Y soy yo. Yo, yo.
Athanasius Pernath.
Gustav Meyrink, El Golem. Traducción de Celia y Alfonso Ungría para Tusquets.

Yo no soy Athanasius Pernath.
Ni he confundido mi sombrero



Ni mi abrigo

Se acuerda de pronto de una historia con mi abrigo en el invierno del año pasado en Madrid. En el hall de su hotel madrileño, él salió disparado hacia la calle para unas fotografías de un periódico y se llevó mi abrigo confundiéndolo con el suyo. Estaba ya denunciando al conserje la desaparición cuando vi que regresaba de su sesión de fotos con un abrigo sospechosamente parecido al mío, y sólo entonces comprendí lo ocurrido. Un inquietante intercambio de identidades que, como Magris es un buen germanista, me hizo pensar en la involuntaria permuta de sombreros al inicio de El Golem de Gustav Meyrinck. La verdad es que desde aquel día llevo con especial orgullo mi abrigo y a quien quiera oírlo le digo: "Me llamo Magris como todo el mundo"
El filo del horizonte, Dietario Voluble, E. Vila-Matas. El País Catalunya, 14/10/2007

Cita a Magris Vila-Matas: "La literatura no salva la vida, pero puede darle sentido".

Pero que sentido puedo encontarle a la vida cuando en última instancia todos los textos son el mismo texto, todos los rostros el mismo rostro.
En mi mesita de noche las portadas con rostros. El de Kafka (sus Diarios abandonados desde hace meses sobre Montaigne) el de Lovecraft (pensar que todas las sensaciones que nos transmiten sus historias puedan ser un error de apreciación de los lectores) (pero no es una novela de Lovecraft... René sabe) todos los rostros el mismo rostro... pienso en lo irracional que es detestar los rostros de los autores... pienso que no recuerdo el rostro de Bernhard (por ejemplo) a quien leo para dejarme arrastrar y escribir a mi vez, para que mi rostro sea detestable... pienso en Beckett... NADA sin Beckett.

–¡Nada sin Hércules! Hércules ha muerto: no podemos zarpar.
Pero resulta que Hércules sólo estaba borracho.

Robert Graves, El Vellocino de oro.

Nada sin Beckett.

VLADIMIRO.- Entonces, ¿qué hacemos?
ESTRAGÓN.- No hagamos nada. Es más prudente.

¿Entonces?... “Je ne sais pas, monsieur. Je m’excuse” (*)

(*) Es una larga historia, tal vez pasado mañana la cuente.

7 comentarios:

Hilvanes y Retales dijo...

QUizá venga a cuento el comentario de Literaturitis a mi lectura de Sensini: "Quien busque respuestas en Literatura, que estudie matemáticas o químicas".

Allau dijo...

Nada sin sifón. Nadie sin sifón. Si no lo dijo Jardiel Poncela, merecería haberlo dicho. Un poco de "Miller's Crossing" nunca está de más. Como diría Stephen Stills, Everybody I love you.

René López Villamar dijo...

Anoche estaba viendo un documental sobre Citizen Kane y me impactó el rostro de Randolph Hearst, un rostro duro, de ojos hundidos y una nariz larga y recta como un puente en medio del mar. De alguna forma, me recordó mucho al rostro de Lovecraft (ese Lovecraft de la portada y todo lo que significa la portada) y me pareció un rostro detestable, peor aún cuando sonreía.

En el documental pasaban escenas de la vida de Hearst y las intercalaban con escenas de Citizen Kane. Welles hacía un mejor Hearst que Hearst, incluso cuando copiaba expresiones de su rostro.

En fin, creo que no estoy hablando de nada.

Saludos

karlatone dijo...

Hola Javier,

Me gusta mucho la manera en la que estructuras tus ideas, casi como el outline de un gran ensayo o el ensayo minimalista, portátil.

un abrazo,

k

Martí Sales dijo...

Sí, sí, ¡háblanos de aquel enero de 1938 en París! Es una historia fantástica y una de las mejores para "entender" (si hubiera algo que entender, si pudiéramos entender algo) a Beckett.

José Montalvá dijo...

cuando te pones así, como en crisis, te adoro

Portnoy dijo...

Es la pose del fracaso, José, eso da prestigio. Así que fracasaremos mejor.
Mañana, Martí.
Karla, la verdad es que no hay nada detrás. No es falsa modestia, es sinceridad. Al parecer se adornar muy bien el vacío.
El gran rostro de Kane. Me hace gracia eso de que fuese mejor Hearst que Hearst... y no puedo dejar de pensar en todos esos inmensos primeros planos que Welles se hacía a sí mismo. El mismo hombre y siempre distinto: Kane, Falstaff, Quinlan, Macbeth, Arkadin, O'Hara, Lime...
Nada sin sifón... apuntado.
Yo soy hombre de ciencias, Hilvanes. ;-)

Un saludo y gracias por vuestros comentarios.