14/2/10

El Tercer Reich, de Roberto Bolaño

La semana se inició con Bolaño, transcurrió en hospitales y terminó con Bolaño. Las salas de espera de los hospitales son lugares excelentes para la lectura. El único inconveniente es que los asientos son incómodos. Si no fuera así, me trasladaría inmediatamente con Bernhard a una de esas salas a enfrentarme definitivamente con él.
Pero el principio es 2666, la obra teatral dirigida por Àlex Rigola adaptada de la novela de Bolaño por Pablo Ley. Es de agradecer el esfuerzo de actores y escenógrafos por captar la esencia de Bolaño, pero lamento decir que la obra de teatro no aporta nada a 2666, y se queda en una pobre revisión de los textos de Bolaño. Como toda obra que aspira a contener la totalidad del mundo, y eso es la novela de Bolaño, es imposible sintetizarla, comprimirla, resumirla. La adaptación teatral comete el error de ceñirse a la estructura de la novela y resumir cada una de las cinco partes en actos de menos de una hora de duración en la que los actores, en muchas ocasiones, parecen estar leyendo directamente la novela. De hecho, cuando de alguna manera se subvierte y se interpretan fragmentos de la novela, como sucede en La parte de Fate, se logra el mayor impacto teatral (no así en La parte de los crímenes en la que el efectismo, con ribetes sensacionalistas, incomoda más que conmueve). La irregularidad es la nota dominante en la obra de teatro, su fidelidad al texto su peor defecto.
No tengo tiempo de digerir la extraña sensación que me deja la obra.
Hospitales.
Entonces El Tercer Reich. Y volver a descubrir a Bolaño, la inquietante sensación de leer a Bolaño.
En contra de lo esperado El Tercer Reich no es un producto editorial que pretende aprovechar los restos de escritura que un autor fallecido. Es una novela completa si perdonamos que algunos de los capítulos finales precisen una revisión. Obviando ese detalle nos encontramos ante una obra acabada de un gran autor.
Pero yo soy una visita en un hospital, uno de esos seres anodinos y angustiados que miran por las ventanas y sienten que de alguna manera el mundo se ha detenido.
No es un asunto trágico. Provoca ansiedad, inseguridad. Pero finalmente todo va bien. Rutinario dentro de la imprevisión.
La lectura de los capítulos finales coincide con la tranquilidad de saber que todo va bien. El final de la novela casi coincide con el parte de alta médica.
En estas condiciones no soy un buen juez de esta novela de Bolaño.
Udo Berger es un extraño que vuelve al lugar de veraneo de su infancia con su novia Ingeborg y una obsesión con los juegos de guerra. Nada es lo mismo que en el pasado. Nada se ajusta a las necesidades de su obsesión. Una serie de personajes empieza a invadir el territorio en el que precisa estar solo y todo se tiñe de un ambiguo aire siniestro y malsano. El resto es literatura. Y la capacidad de Bolaño de crear un misterio a partir de situaciones anodinas, demostrando que el miedo y la angustia son sentimientos subjetivos de los personajes y consiguiendo que el lector comparta esas sensaciones.
A pesar de que nada parece suceder, a pesar de que todo parece ir bien, tenemos la manía de sospechar lo peor, de necesitar el terror y la inquietud para dinamizar nuestras vidas, para dramatizarlas, para darles sentido.
Hospitales.
Definitivamente no puedo ser un buen lector crítico de El Tercer Reich. La novela está demasiado ligada a las condiciones de su lectura. Vendrán otros y dirán que sí, que es una buena novela pero que no está a la altura de esta o de la otra, que es inferior a aquella pero no desmerece de la otra. Y aquellos que discutirán sobre el origen de la novela y las extrañas circunstancias por las que permaneció inédita hasta ahora y la licitud de esto y de lo otro.
Olvidemos todo eso.
El Tercer Reich es puro Bolaño.

(El único problema que le veo es que habrá que hacerle un sitio en el diagrama , porque, por lo que puedo deducir, habría que buscarle un sitio lindante con La pista de hielo y 2666)

17 comentarios:

Robert Desnos dijo...

Entre Monsieur Pain y La pista de hielo.

G.Rodríguez dijo...

De todo lo que he leído acerca El Tercer Reich, esta reseña hospitalaria tuya ha sido lo mejor.

Güevo dijo...

Hola, habitualmente no comento en los blogs que leo. Francamente rehuyo la polémica. Pero en este caso no quiero evitarla. Soy también un lector de Bolaño y además un apasionado del teatro. Me quedé más o menos con la misma sensación que describes tras ver el montaje del Rigola, pero no estoy de acuerdo en relación a la parte de los crímenes. Y es que cuando leí esa parte en la novela me quedé justo con la misma sensación que al verla en la adaptación. Tienes razón al decir que "incomoda más que conmueve", pero creo que la parte correspondiente en la novela cumple la misma función. Te tira casi 500 páginas de descripciones forenses a la cara, rozando lo pornográfico. Más o menos lo que hace la puesta en escena. Por supuesto, en la novela hay muchas más cosas, más niveles, más sentidos... En todo caso, aplaudo la labor de ese grupo de artistas escénicos, hay que tener valentía para animarse con una empresa de ese tamaño.
Y, bueno, pasando de todo esto. Gran blog, de verdad. Y tengo una deuda con la nueva de Bolaño, gracias por abrir el apetito.
D. Eudave

L'artista abans conegut com Subal Quinina dijo...

Discrepo: El 2666 de Rigola sí aporta algo a la novela: nuevos lectores. Estoy totalmente de acuerdo con que la parte fallida de la obra es la Parte de los crímenes, por las razones que apunta Port.

Leyendo ahora el último tramo del Tercer Reich. Curioso: esta novela, para mí, también tiene ribetes de hospital: ahora mismo un servidor tiene 38º de temperatura corporal... ugh

Anónimo dijo...

Pues lo siento mucho, pero acabo de leer el primer capítulo en línea y me parece bastante mediocre. La redacción está a años luz de Los detectives salvajes o 2666. Resultaría quizá pasable (siempre prescindible) como obrita menor o novela de juventud, pero nada más. No me atrevo a juzgar más allá de esto. ¿Sigue esa tónica el resto de la novela? En ese casos, sospecho que si hubiera caído en nuestras manos atribuida a otro autor no le habríamos prestado demasiada atención. Habría sido una novelita de temporada más, de esas que nacen y pronto desparecen. Puro humo.

Anónimo dijo...

Releo mi comentario y temo que me he pasado. Lo siento: me temo que me pueden los prejuicios. He jurado odio eterno a la literatura necrofílica. El chacal... Asusta, ¿no?

Vero dijo...

"El artista, especialmente el escritor, le había oído decir, tenía claramente la obligación de ir de cuando en cuando a un hospital, igual daba que ese hospital fuera efectivamente un hospital o una cárcel o un monasterio. Era un requisito indispensable. El artista, especialmente el escritor, que no iba de cuando en cuando a un hospital, es decir, que no iba a uno de esos círculos decisivos para la vida y necesarios para la existencia, se perdía con el tiempo en la insignificancia, porque se extraviaba en la superficialidad."
Thomas Bernhard, El aliento

JacoboDeza dijo...

Haces un comentario a la obra de teatro desde el punto de vista (subjetivo, como todos, y por ende también válido) de un crítico literario y no de un crítico teatral. Hay una diferencia abismal entre lo dos: mientras que tú comparas la novela con la función, y observas qué gana o pierde la una respecto de la otra, el crítico teatral hace su aporte desde las reglas y el lenguaje del teatro. Lógicamente tiene en cuenta el libreto original, pero sólo para contrastar versiones de Hamlet o para decir si la puesta en escena es fiel al texto o no.

He visto muchísimo teatro en mi vida: es la suerte de vivir (aunque ahora ya menos) en Barcelona. El 2666 de Rigola y Ley es de lo mejor que ha pasado por este país en una o dos décadas, a la altura de grandes montajes de Lepage e incluso del mismísimo Brook. Digo esto para hacer justicia después de tu post, en la que puede darse a entender que la obra es mediocre. En relación a la novela puede no aportar nada, pero en relación a sí misma y a la creación teatral es deslumbrante. Incluso con sus puntos flacos, que alguno hay.

Sé que esto, sin ponerme ahora a justificar mi postura, puede ser también subjetivo o sólo vinculado a la experiencia que da ver mucho teatro. En todo caso ya escribí largamente del tema y no voy a hacer publicidad de mí mismo.

Saludos!

Portnoy dijo...

Recibo el comentario de Jacobo como una colleja merecida. Es cierto, comento una obra teatral desde una perspectiva literaria. Además debo confesar que mi conocimiento del medio es escaso. La sensación sigue siendo la misma, pero ahora me cuestiono si comentarlo es lícito o no. Gracias, sin ironía.
Y gracias también, Giovanni, pero me parece que hablo más de mi que de la novela.
Güevo, coincido en que la idea de Bolaño en La parte de los crímenes es la saturación del texto para incomodar al lector. Y esa me perece una decisión elegante y literaria. La de la obra de teatro, aunque busca lo mismo, no me lo parece tanto, me parece efectista y visceral. Pero supongo que es cuestión de gustos.
Miquel, cuídate... busca refugio entre los patines en una playa bajo la lluvia.
Vero, gracias por Bernhard... me persigue... acabaré obsesionado.

Un saludo y gracias por vuestros comentarios

Portnoy dijo...

Ah, perdón Robert... si que tiene el aire obsesivo y malsano de Monsieur Pain... habrá que tenerlo en cuenta.
Muchas gracias

Jose L. dijo...

Hola, Portnoy. Te felicito por el blog.

La verdad es que después de leer tu artículo y los comentarios -dejando aparte el asunto de la adaptación teatral, que aún no he visto-, estoy un poco de acuerdo (si se puede estar un poco de acuerdo) con lo que dice el anónimo comentarista: ese primer capítulo no es muy prometedor, ¿no? Yo también noto una brecha importante entre esta prosa un pelín acartonada y el estilo de las grandes novelas bolañescas. ¿Hay motivos para pensar así? ¿Realmente vale la pena hincarle el diente a esta?

También me da repelús, debo decirlo, la moda de la literatura post-mortem. Ciertamente los prejuicios son un peñazo.

Gracias.

Portnoy dijo...

Yo pensé que había quedado claro que a pesar de parecer un texto que precisa corrección en algunos momentos, mantiene todo el espíritu de la narrativa de Bolaño. Hay que situarlo en su contexto, desde luego, pero pensemos que si empezamos a leer a Bolaño por 2666 o Los detectives, el resto de su producción puede parecer más ligero.
No sé, yo he disfrutado leyendo El Tercer Reich, pero es posible que no coincidamos.
Un saludo y gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Me parece correcta tu interpretación. Eso sí, quizás lo vieras distinto después de leer "Vivir a muerte".

Plantéatelo.

Ferran dijo...

Todo lo has dicho tu, Portnoy, todo: es Bolaño puro, y que más da si tal o cual, importa, y mucho, que sea puro Bolaño. ¡Y es una gran novela!
Soy Bolañista des de el premio Herralde con Los detectives... en fin, que grande, Bolaño.

René López Villamar dijo...

La estoy empezando a leer y la disfruto muchísimo.

R.A.H. dijo...

Aún no he leído El Tercer Reich, pero coincido ampliamente contigo en esa capacidad de Bolaño de crear tensión, angustia y misterio entre situaciones que parecen no avanzar, creo que es uno de sus aspectos más interesantes.

el brigadier dijo...

Me lo regalaron la semana pasada. Lo recibí con disimulado escepticismo. 340 paginas después, ya no sé cómo estirar las 20 que me quedan, ¿he de añadir algo más?
Sí, que esta obrita mediocre y menor, de prosa acartonada, con el recorrido de una novelita de temporada, me parece superior a otros "clásicos" del mismo autor.