7/4/10

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas ( III), o Malone muere, de Samuel Beckett

Conozco estas frases que parecen insignificantes y que, una vez aceptadas, pueden corromper toda una lengua. Nada es más real que nada. Salen del abismo y no paran hasta arrojarnos a él.

Malone muere, Samuel Beckett.

Malone escribe en un cuaderno infantil, con un lápiz casi agotado. Pero, ¿es acaso Malone quien escribe?. Malone muere se sitúa entre Molloy y El innombrable. O, quizás, sería más lícito decir que se sitúa en esa espiral sin fin que nos lleva (o nos aleja) del abismo y en la que se suceden sin fin Molloy, Malone muere, El innombrable, Molloy
Volví a Beckett a causa de Dublinesca, de Enrique Vila-Matas.
Y también por la lluvia

Porque si consideramos a Joyce como base de la primera parte de Dublinesca, deberíamos acabar con la nieve:

Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.
James Joyce, Los muertos, Dublineses.

No nieva en Dublinesca. No llueve en el Ulysses. No que yo recuerde.
El protagonista de Dublinesca se llama, no casualmente Samuel, Samuel Riba. Una de sus obsesiones es descubrir si existe el escritor genial que cuando era editor no supo encontrar.
Sí llueve en Samuel Beckett:

"Entonces entré en casa y escribí, Es medianoche. La lluvia azota en los cristales. No era medianoche. No llovía"
Y recordemos lo que Enrique Vila-Matas decía al respecto en sus relecturas sobre Molloy:
Es maravilloso. En su final el libro se colapsa y cae toda su construcción como un castillo de naipes y de pronto las palabras parecen bailar de alegría bajo una triste luz de plomo. Hemos entrado en el campo del misterio y el detective Beckett avanza. Pero no hemos entrado. No hemos salido. Desde donde nunca una vez dentro. Y no es verdad que no llueva.
Hemos entrado en el campo del misterio avanzando sobre una espiral. Malone escribe la historia de Sapo que poco a poco se transforma en la historia de Macmann que, suponemos, es el mismo Malone. Pero Macmann tiene objetos que pertenecen a Moran, personaje de Molloy, que inicia una búsqueda detectivesca de Molloy, sin sospechar que él mismo pueda ser una creación de Molloy. En la primera parte de Molloy, éste busca a su madre (Mag), en la segunda, que se inicia “Es medianoche. La lluvia azota en los cristales”, Moran busca a Molloy escribiendo a Molloy. Tal vez mintiendo ya que finalmente ni es medianoche, ni llueve.
Molloy tiene un sombrero atado con un cordel a su abrigo. Entre las pertenencias de Malone vemos un sombrero sin alas, propiedad, quizás, de Macmann, que lo lleva atado a su abrigo. Un abrigo con botones fusiformes, ¿un Macintosh?
Dice El Innombrable: “No me engañan esos Murphy, Molloy, Malone. Me hicieron perder el tiempo, trabajar inútilmente, dejándome hablar de ellos, cuando era menester hablar solamente de mí, al objeto de poder callarme”. Después “inventa” a Mahood, que hereda el sombrero y la cojera de Molloy: “¿(…) la confesión de que después de todo yo soy Mahood y que todas esas historias de una persona cuya identidad usurpa Mahood, impidiendo que la voz se haga oír, son falsas de punta a punta?

Murphy, Molloy, Malone, Moran, Macmann, Mahood…
Molly Bloom
Molly, la mujer que atiende (y muere junto) a Malone
Malachy Moore
M es la marca del vampiro:



De Malachy Moore sabe que era andarín y que muchos le llamaban Godot. Que se le veía en Dublín por todas partes, en los lugares más insospechados. Que tenía aquella gran facultad de Drácula de convertirse en niebla. Y poco más sabe, pero no cree que sea tan difícil imaginarlo
Dublinesca, pág. 308

La voz en el interfono le comunica en francés a Samuel Riba que Malachy Moore está muerto.
¿Samuel Beckett?
¿Nos estamos acercando? Ni por asomo. La espiral nos acerca poco a poco al abismo sin que nunca lleguemos a alcanzarlo. Preguntad a la tortuga. Nos queda la opción de explorarlo, lanzar hipótesis como sondas que se pierden, imaginar su sentido. Pero nunca llegaremos a experimentar el abismo.
Lo que Riba ve (la hipótesis que aventuro sobre lo que Riba ve), en ese escurridizo personaje con chaqueta Nehru, o con Macintosh, es a ese escritor genial que buscaba cuando era editor. El escritor que anuncia el fin de una era, sin que eso suponga el advenimiento de una nueva era narrativa en el que las frases insignificantes corrompen toda una lengua. Lo que Riba entiende es que es demasiado tarde, que todo, el “gran cambio”, ha ocurrido ya. Lo que ve Riba, lo que finalmente parece comprender, es que mientras Finnegans velaba, Samuel Beckett narró la pesadilla.

Previamente, en Dublinesca:
Segunda parte

Primera parte



Los fragmentos de Molloy, Malone muere y El innombrable de las respectivas traducciones para Alianza de Pere Gimferrer, Ana María Moix y R. Santos Torroella.

4 comentarios:

Vero dijo...

Estos posteos tuyos sobre Dublinesca me a-rro-ja-ron a la Avenida Corrientes para buscar el libro. Recién voy por poco más de la mitad, pero alcanza para agradecer el empujón.

Raúl Gren dijo...

Un artículo muy interesante.
Una lúcida visión del nebuloso salto inglés.
Tanto fumamos en Dublín que nos esfumamos.

Saludos jorobados.

Krust dijo...

Acabo de leer una interesante entrevista a Vila-Matas en la revista Rolling Stone de este més donde habla, entre otras cosas, de su relación con los bloggers (también he leído otra entrada antigua tuya para situarme, al salirme en el buscador...), digamos que me parece cojonudo esa intercomunicación entre autores y lectores, en el fondo todo forma parte del "circo de las letras", ¿no?...
En cuanto a "Dublinesca", espero que me lo regalen para Sant Jordi, en todo caso supongo que lo leeré próximamente... muy interesante este post como aperitivo.
Ah! Espero que las referencias a la infumable y sobrevalorada "masterpiece" de Joyce (en mi opinión. of course!) no sean demasiado acusadas, preferiría más un toque Auster en el argumento, algo que parece intuirse tras leer la entrevista que menciono arriba, donde Enrique también habla de su amistad con Paul. Veremos (leeremos).

Saludos.-

hródric dijo...

a cualquiera que no haya leído la trilogía de Beckett y quiera hacerlo le recomiendo no leer mi comentario de a continuación :

sí. mientras releía casi al mismo tiempo Molloy y El Innombrable pensé lo mismo que se sugiere aquí : que es un mismo personaje hablando de sí mismo; y a lo largo de la trilogía va de ser un hombre joven y cuerdo a uno viejisimo y decadente.

pero la gracia es que no es algo que esté explícito. y que cabe la posibilidad de que no sea la "realidad" que pretendía Beckett.

saludos Portnoy.