26/10/12

Jo confesso (Yo confieso), de Jaume Cabré


La verdad, debo confesar que al principio quedé deslumbrado por la estructura narrativa de la novela de Cabré. Los continuos cambios de primera a tercera persona y el solapamiento de narraciones ambientadas en distintas épocas históricas siguiendo la estela de un violín pluscuamperfecto, sin que por ello se vea afectada la fluidez del texto, crean en el lector un agradable desconcierto.
Pero antes de que el libro esté mediado, el autor comete el error de desvelar a qué obedecen esas peculiaridades narrativas, haciendo que el misterio del recurso narrativo se convierta en instrumento autorial. A partir de ese momento la sensación de fluidez se transforma en impresión de ser dirigidos. Y los personajes, sobre todo aquellos relacionados históricamente con el violín, pasan a ser marionetas dirigidas por el autor. Y empiezas a sospechar, acertadamente, que todas esas historias no van a conducir a ninguna parte. Y el horror histórico que pretende denunciar, se convierte en lugar común, en una narración leída cien veces.
Finalizada la novela compruebas que, efectivamente, las historias no llevan a ningún lado y algunos personajes, la hermanastra y el sobrino, por ejemplo, son instrumentos para justificar un simple acto.

Tal vez no estoy siendo justo.

Yo confieso es una novela más que digna.

Ocurre que la estamos analizando desde el lado incorrecto. Porque bajo su apariencia de novela sujeta a condicionamientos estilísticos, de ejercicio de narrativa elaborada, lo que oculta Yo confieso es su carácter de best-seller.

Esto, en principio, no es necesariamente malo.

Pero dificulta cualquier comentario analítico (si es que eso ha ocurrido alguna vez en este blog) de la novela: ¿La desdeño automáticamente por ser un best-seller? ¿muestro mi reconocimiento a la valentía de intentar aunar un ejercicio narrativo destacable por tener cierta dificultad con una lectura amena? ¿critico que tras una apariencia seria y profunda, apelando incluso a Arendt y su banalidad del mal, se emplea, paradójicamente, la levedad?

¿Y no es acaso este el mismo problema que tenemos cada vez que intentamos comentar las novelas de, pongamos por ejemplo, Paul Auster, John Irving, Haruki Murakami…? Entiendo que comercialmente funciona muy bien. Se trata de novelas, y esta de Cabré también lo es, con una elaborada fachada narrativa y un espíritu lúdico e intrascendente. Novelas leves y amables con el lector, al que, además, halagan.

Lo que me fastidia con estas novelas es que nadie se atreve a catalogarlas con los best-seller, acaso porque su calidad literaria es un poco superior a la media, ni tampoco junto a la narrativa más exigente, a la que pretender imitar. Paradójicamente, a causa de estar en el punto medio, reciben el reconocimiento conjunto de crítica y lectores. O eso o yo estoy completamente equivocado y esta clase de narrativa, esta y no otra, es la que realmente se quiere leer y vender. Tiernos gatitos con apariencia de tigres feroces.

Aquí viene la digresión más o menos malvada.
Mientras leía Yo confieso, cuando empecé a darme cuenta que el artificio se desmoronaba al ser desvelado y ya no pensaba en la historia que me contaba sino en cómo estaba construida, la relacione, injusta y miserablemente, con Los reconocimientos de Gaddis. En ambas novelas el personaje principal es un niño prodigio (o superdotado, no sé… esa extraña y literaria noción que tenemos del genio) A Gaddis le bastan un par de capítulos para sentar las bases psicológicas del personaje, mostrar su contradictoria educación, la prodigiosa capacidad artística del personaje y su consecuente personalidad extraviada. En Cabré no hay nada de eso. El niño aprende varios idiomas, nos dice, el niño es un genio del violín, nos dice, padre y madre tienen distintos planes para la educación del niño, nos dice. Pero lo único que vemos es a un niño normal que juega con sus juguetes. Como si a cualquiera de nosotros nos hubiesen dicho en nuestra infancia, mira, a partir de mañana vas a ser un niño prodigio. Dicho y hecho. El personaje es un genio sólo nominalmente. Podría haber sido azul. Cuando crece nos dice que el personaje es un erudito, nos dice que pasa su vida estudiando y escribiendo, nos dice que tiene problemas en sus relaciones sociales, pero todo eso queda completamente desmentido por sus acciones. Nos dice todo eso, pero podría habernos dicho cualquier otra cosa, porque en el fondo no tiene mayor trascendencia. Mientras que en Gaddis (y, repito, la comparación es injusta) toda la construcción del personaje tiene consecuencias tanto en lo que acontece como en la forma de narrar la historia, en Cabré todo es accesorio y obedece, incluso contradictoriamente, al hilo narrativo. Redunda en lo que comentaba de la levedad. Debemos, si queremos entrar en el juego, aceptar la genialidad del personaje igual que hubiésemos tenido que aceptar su azulidad dado el caso, pero eso, ni en el fondo ni en la forma, afecta, justifica y aporta nada a la narración. Esa característica nominal del personaje junto a la peculiar estructura narrativa lo que confiere a Yo confieso su punto de originalidad, pero el conjunto es leve e intrascendente.

En definitiva una novela digna y liviana, un divertimento pseudohistórico, un, llamémosle así, best-seller de calidad, innecesariamente largo al redundar en las peculiaridades de su narrador y ser estas irrelevantes.


18 comentarios:

Lula dijo...

Jorl!!

Te leo luego pero de poco me desmayo al ver el título del post.
Sigo anonadada al ver que al ver las etiquetas 'William Gaddis' y 'Los reconocimientos'.

Besos

Francis Black dijo...

Tienes razón pero lo raro es que empezaras el libro, ¿ Un compromiso ?

Portnoy dijo...

Una casualidad, Francis.

El niño vampiro dijo...

Pues yo voy a ser injusto, porque ni he leído la obra ni lo pienso hacer. Más que nada porque en sus entrevistas, el señor Cabré da la impresión de ser digno y liviano, lúdico e intrascendente, un tierno gatito que se las da tigre feroz.

GLÒRIA dijo...

Llevas mucha razón. Tal vez para crear un genio hay que serlo o, al menos, saber imaginarlo y darle credibilidad.
Me pareció flojo, escrito en exceso y aunque aprecio el virtuosismo de los cambios de tiempo y persona, no merece el éxito obtenido. Estoy de acuerdo con otro de tus lectores en el que indica que Cabré aparenta ser liviano y tierno.

Anónimo dijo...

Es que esto pasa por escribir personajes: o te vales de lugares comunes para darles credibilidad o te lanzas a explicar cosas que en realidad estás suponiendo porque nadie es capaz, ni de coña, saber o imaginar qué sucede en la cabeza de otra persona. Me dirás, ¿no es eso lo que hace un escritor? Bueno, la psicología de Moreau, o de Sorel, o el preso de las palmeras salvajes no eran psicologías ni caracteres sino más bien ideas sobre el mundo y la sociedad, abstracciones.

Portnoy dijo...

Al anónimo le diré que eso precisamente es lo que no hace Cabré, imaginar lo que sucede en la cabeza de su personaje.
Respecto a lo que dicen El niño y Glòria, decir que no suelo hacer comentarios sobre los escritores, sino sobre sus novelas. No he visto nunca a Cabré. Pero si tengo ocasión me fijaré en lo que dice
Un saludo y gracias por vuestros comentarios

Tiemann Pl. dijo...

Algo parecido le pasa a Salinger con su famosa familia Glass, esa familia de genios, de niños sabios, de superdotados que en realidad se le quedan como pobres niños desequilibrados. Aunque vistos como personajes con taras le quedan niquelados.

Aumento Mamario dijo...

Que buena reseña.. te felicito

Portnoy dijo...

Es un acto de valor comparar a Salinger con Cabré... al menos solo es en los caracteres de sus personajes, no en su escritura no en el resultado :-)
Por cierto, me da un pelín de vergüenza agradecer el comentario a alguien con un nick como Aumen... en fin, gracias por vuestros comentarios y no cliquéis en el enlace mamario
Un saludo

Francisco Rodríguez Criado dijo...

¿Liviano, Jaume Cabré? ¿Un best-seller? ¿Divertimento pseudo-histórico?
My god!
¿Leve e intrascendente?
"Yo confieso" es una obra maestra, un alarde de técnica literaria que precisa un buen lector, o al menos un lector que sepa un poco de los entresijos de la novela (más allá de las coordenadas presentación, nudo y desenlace).
La crítica especializada considera -y tiene esta vez toda la razón- "Yo confieso" como una grandísima novela.

Saludos discrepantes

Portnoy dijo...

Me parece muy bien discrepar. No me parece bien descalificar al lector que no opine igual que tu.
No me parece bien apelar a la "crítica especializada" sólo cuando nuestra opinión coincide con la de ella (sea "ella" quien quiera que sea)
Como adivino de tus palabras que eres de esa clase de buen lector que conoce los entresijos de la novela no voy a discutir contigo.
Pero mira lo que digo en la reseña "Novelas leves y amables con el lector, al que, además, halagan"
Pues eso... a seguir bien, buen lector.
Un saludo y gracias por tu comentario

Francisco Rodríguez Criado dijo...

Yo no he descalificado a nadie. Me he limitado a insinuar que es una novela compleja y que si no se entiende el porqué de su complejidad, se acaba entendiendo mal su esencia.
"Divertimento pseudo-histórico", eso sí que es una descalificación. :-)
Y si fuera verdad... Pero no lo es. No es una novela histórica sino una novela sobre la condición humana (en diversas etapas de la Historia).
En cualquier caso, te pido disculpas si te he ofendido por ser demasiado riguroso. No era mi intención molestar por molestar, pero tampoco quería pasar por alto algunas cosas que he leído en tu artículo. Que provoca -a saber por qué- la adhesión contra Cabré por parte incluso de aquellos que no han leído el libro...
Y conste que no tengo la menor relación con el autor. Simplemente me parece un gran autor al que hay tratar con justicia. (Sí, ya sé que el término "justicia" no es entendido igual por todos).
Lo dicho: sin acritud.
Saludos

Portnoy dijo...

De todas formas creo que no has entendido bien el post. Digo en él que la novela es más que digna y equiparo a Cabré con Auster y Murakami.
Lo que no acaba de convencerme es ese ansia de dignificar "lo de casa" y hacernos creer que es mucho mejor de lo que es... intentar vendernos una novela sin tacha como una obra maestra que trasciende lo literario y bla, bla, bla...
Tampoco exageremos.

Francisco Rodríguez Criado dijo...

¿Lo de casa? ¿Qué casa? Te informo de que alguien (Concha Cardeñoso, a quien no tengo el gusto) ha tenido que traducir la novela para que este servidor -y otros miles de lectores- puedan leerla en castellano.

La patria de la buena literatura son los lectores, y nada más. :-)

Saludos

Anónimo dijo...

Ni he leído ni pienso leer al tal Cabré. Dicho esto, me parece de un analfabetismo literario brutal el comentario que acabo de leer sobre los niños de la familia Glass. A su autor sólo le deseo que el magnánimo le conserve el gusto y el criterio lector.

Perepla dijo...

Creo que la literatura, a diferencia de los cuentos para niños, no debe conducir a nunguna parte. Es por esta razón que veo que no te ha seducido la novela. Esperas historias que tengan donde morir y no creo que sea el caso. La buena literatura te ha de hacer sentir a las personas y las situaciones y si no puedes entender la complejidad de las mentes en relacción a lo que viven entonces el libro no te sirve. Si esperas historias simples con final cocreto quizas deberías leer novelas policiacas o del Far West.

Pascual R. dijo...

No creo que pueda englobarse jo confesso en el ámbito del best-seller. Veamos, si consideramos best-seller un libro, generalmente novela, que está al alcance de un numeroso público, que se vende de hecho de forma masiva y que fluye de forma ágil con su estructura -como bien han apuntado en algún comentario- tradicional (nudo, etc.), su secuencia más o menos tradicional (orden temporal), sus planos narrativos bien definidos y estructurados y su conflicto correctamente dibujado y después resuelto, estaríamos efectivamente ante una novela poco susceptible de ser catalogada como bestseller. Por otra parte, debo añadir que el hecho -afortunadamente para mí- de poder leerla en original (catalán en este caso) le confiere un código de interpretación que va más allá de lo meramente novelístico. En mi opinión, enlazando con el post que hablaba de la condición humana, no sólo aborda definitivamente la condición humana sino que, de forma incluso renuente, pero decidida al fin, participa de ella desde ángulos poliédricos mostrándose en definitiva como lo que es: una visión -más allá de la técnica más o menos manida y/o compleja de los yoes narrativos y los planos solapados y las continuas prolepsis y demás recursos ad hoc, etc. etc.- poliédrica, incluso caleidoscópica y plural en el sentido más novelístico del término; esto es, no sólo aborda distintos planos y personajes y los entremezcla con las coordenadas temporales según las propias coordenadas del autor, creando ese maremagnum formal y estilístico que invita al desconcierto sino que además se "moja" en la propia complejidad psicológica de los personajes instándonos a entenderla o, al menos, a compartirla. En resumen, un ejercicio con excesivo fuego de artificio a veces, ciertamente, pero -a mi juicio- sin juego de manos y con resolución ajustada a las previsiones.